Ironia, laxitud, mente atónita

sábado, 7 de mayo de 2016

Ecos

Hay canciones que, más allá de su propia melodía, tienen vida propia. La música tiende a excitar la imaginación de la gente desde tiempos muy remotos, y las creencias supersticiosas, las malas interpretaciones o sencillamente las anécdotas que rodean su creación hacen que ciertas piezas musicales generen en torno a sí sus propias leyendas, rumores y habladurías. En algunos célebres casos están rodeadas de polémica por la inclusión de supuestos mensajes satánicos ocultos, en otros casos —se decía— son canciones cuya grabación recogía el supuesto asesinato en directo de una persona… o que directamente provocaban la muerte del oyente. Otras canciones están ligadas a leyendas más inofensivas e incluso intrascendentes, pero que aun así han despertado durante décadas discusiones entre los fans para decidir si determinado título estaba o no inspirado por un banco, o si determinada canción estaba dedicada a un perro, o si determinada melodía era una pieza clásica interpretada al revés. Y aún hay otras grabaciones que, lejos de arrastrar populares leyendas urbanas, tienen detrás una historia sorprendente que poca gente conoce.

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